Ahora les contaré mi mejor
historia, mi única historia, la historia de mi vida:Yo era un roble, grande y frondoso, los niños venían
y jugaban en mis ramas, se subían hasta llegar a mi cima, solían jugar a
atraparse, creaban columpios en mis ramas, enterraban sus tesoros cerca de mis
raíces y en los días de verano me visitaban
con más frecuencia, fue así durante muchos años, pero pasó un tiempo, en que
nadie me venía a visitar.
Varios veranos atrás, una
pequeña niña me encontró tras una valla publicitaria en medio de un lote, venía
todos los días a escalar por mis ramas, leía en ocasiones y cada vez que se iba,
ponía una manta en mis raíces y me daba
un beso, la niña se llamaba Doni, era muy hermosa, venía todos los días, en una
ocasión vino llorando, se sentó a mi sombra y se quedó dormida, desde ese día venía
con mas frecuencia, y me traía, juguetes, cartas, dibujos, pastelitos y medias de
las cuales perdía la pareja, lo dejaba dentro del nido de una ardilla que vivía
en mi tronco, se reía, mientras me contaba cuán importante eran para ella aquellas
cosas.
Pasaron 2 veranos, Doni vino
con unos amigos: Margarita, David, Enrique, Carlos e Isabela, ellos 6 jugaban
carreras sobre mí, escondidas, ser piratas, pruebas de valor, a ser héroes y a
balancearse; siempre reían y me ponían muchas mantas diciendo:
- El calor no dejará que te
sientas solo, claro, será por poco tiempo, solo hasta que volvamos-. Jugaban a
estar en un barco, una inundación, una nave espacial y explorando bajo tierra, terminado
ese verano, todos subieron hasta mi última rama y decían poder tocar el cielo
desde ahí, y por ser el ultimo día hicieron un juramento, “siempre seamos
amigos” todos alzaron sus meñiques antes de irse a sus casas.
Doni volvió al siguiente
verano, ya con 12 años, pero no venía a jugar, ahora solo leía, tarde tras tarde,
leía, siempre venían todos juntos a leer y contar las historias que habían
vivido, en ocasiones almorzaban a mis ramas.
Al Año siguiente volvieron
todos, pero jugaban fútbol, solo Doni y Margarita se quedaban cerca de mí, se
subían a las ramas más bajas, a animar a los demás, era gracioso ver cómo les
aclamaban, aun cuando sus amigos se enojaban por perder.
2 años después, volvió, pero
solo venía con David, juntos escuchaban música y escribían historias, en
ocasiones me traían viandas, Excusándose que era una costumbre que tenían desde
niños mientras reían nerviosamente, Doni siempre sonreía y David la abrazaba,
cuando él le leía algo y mientras jugaban, se perseguían pasando de rama
en rama, luego de tanto tiempo por fin
ella volvió a montarse en mí, a reír, jugar con la luz que pasa por mis hojas, sentir su suave y cálida piel en mi corteza
dura y seca, era un recuerdo bastante lejano.
Pasaron 9 años desde entonces, hasta que un
día volvió con David, él le dio un anillo muy bonito, ella lloró y saltó a sus
brazos, se besaron, grabaron en mi tronco un corazón con sus iniciales
adentro y se fueron.
Desde ese día pasaron 5 años de no verla, y
los demás volvieron, el grupo de amigos volvió a reunirse, pero estaban muy tristes,
todos lloraban, en especial David, vestían de negro y hablaban en susurros, a
los pocos minutos, unos hombres llegaron cargando un ataúd, abrieron un hoyo
justo enfrente mío y lo metieron, David lloraba con más fuerza mientras los
demás esquivaban su mirada, un rato después, todos se fueron menos él, estaba
llorando y siguió así hasta que cayó la noche.
Pasaron un par de meses para
que el volviera, con un hacha en sus manos, me cortó con mucha paciencia, caí
al suelo en un gran estruendo, el dolor era insoportable, él procuró no pisar
el lugar donde habían puesto el ataúd al igual que procuró no cortar donde
ellos habían tallado sus iniciales, mis raíces y una pequeña parte de mi tronco
quedaron ahí con su ataúd, me quitó las ramas y se quedó con mi tronco “muero
contigo, que iniciaste esta amistad” pensé, varios días cortándome y puliéndome
me redujeron a un portarretrato.
-Ella habría querido que
fuera así, te quiso mucho- decía David llorando, puso una foto de todos ellos
cuando se conocieron, sonreían y se abrazaban con el fondo del cielo azul y
claro, me puso sobre una mesa junto a su cama y se fue a dormir con un aire
triste y melancólico. Me habría gustado decirle algo:
-Aunque estés bajo tierra
“siempre juntos, aun después de la muerte” amada, mi amada, Doni.